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martes, 19 de marzo de 2019

Chacaíto - Buenos Aires


Mismo andén, diferentes puertas. Coincidieron en un vagón del subterráneo. Sucedía usualmente aunque con poca frecuencia para el gusto de él. Ella, como siempre, con cara de agradada por la sorpresa a juzgar por su sonrisa perfecta y en contrapicado con la que invadía, inexorablemente, de abajo hacia arriba.

Era jueves pero la “sensación térmica” era de martes en virtud de un absurdo decreto de feriado que hizo del miércoles anterior un “como lunes”. Él no se sentaba nunca mientras viajaba, era su forma de conservar su cortesía aprendida para con las damas. Ahora ese gesto podría ofender. Eran tiempos de feminazzismo. Ella viajaba sentada siempre que hubiera oportunidad. Así que iban, él de pie, ella sentada y hablaban como en una cápsula en medio de aquel ruido natural del ambiente cerrado. Realmente se leían los labios.

Desde que se conocieron, ya casi veinte años, sintieron una conexión de la que nunca hablaron. De lo que sí hablaron era de política, de lo paranormal, de sus planes, algunas frustraciones, así como de alegrías y orgullos. Allí en el orgullo aparecían los hijos y entre los hijos las consentidas, esas mujercitas maravillosas que adornan nuestras vidas y llenan de historia nuestros futuros. Él llamaba a la suya de una manera muy cursi, - al decir de los envidiosos – solía decir. Ella llamaba a la suya con una cacofonía que tartamudeaba una sílaba de su nombre.

En veinte años eran muchos los episodios intercambiados acerca de ellas. Ambos sentían (imaginaban) que habían visto crecer a la del otro. Él asociaba su primer deseo de tener una hija con cierto suceso en el subterráneo, el mismo en el que viajaba ese día. Coincidía en eso con ella que alguna vez le comentó que había descubierto su embarazo al abrir el sobre que lo certificaba durante un viaje en ese tren. Bromeaban, él le decía, allí me embaracé. Ella le respondía, así supe que te preñé.
En veinte años, no solo los muchachos crecen, las sociedades evolucionan o involucionan. Así llegaron los tiempos de la emigración y ahora, como ese día, hablaban de las distancias. Ahora se leían los labios pero también los ojos. El dolor por la circunstancia y el pudor por la lágrima pública impedía los detalles de esas distancias obligadas. Ambas estaban en el sur hacía casi el mismo tiempo, les iba bien… hasta allí los detalles. Era el límite del llanto.

Al filo de las 17 horas de ese jueves “casi martes”, el vagón se fue a negro. Un extraño silencio ronco que murmuraba en baja frecuencia los rodeó y así mismo, una sensación corpórea que nunca supieron si fue mental o física, pero que los hizo sentir como ingrávidos aunque sin despegarse del piso él, ni de su asiento ella.
No sabrían decir si fue de inmediato o no, pero a la vuelta de las luces ya habían recobrado la sensación 
                                                             de la gravedad que da tanta seguridad.
El sonido interno anunció “Estación Chacaíto” con un
extraño acento sureño. Era su destino, salieron con cierto desconcierto pero a prisa. Se cerraron las puertas y se encontraron en un andén solitario –El salto de energía- pensaron.
Pasaron los torniquetes pero tuvieron que salir por una puerta que bien podría ser de emergencia –El salto de energía- reiteraron…

Atravesaron esa puerta y encontraron muchas mesas, muchas personas comían cosas ligeras. Se miraron con desasosiego. No entendían nada.

Su mayor sorpresa: Allí estaba la niña del apelativo cursi y la niña de la sílaba tartamudeada, con los brazos extendidos, la felicidad en el rostro y los labios listos para derramar besos…  era una sola, era la misma, era de ambos, eran sus padres y estaban en Buenos Aires…

Era el día del gran apagón de Caracas en marzo de 2019. Un salto en la Matrix.

Y decidieron no regresar nunca más.

Nicolás Baselice Wierman.
@nbaselice en twitter
Instagram @nbaselice
Marzo 2019.








Este cuento se disparó al ver la fotografía de este local de comida rápida en Buenos Aires junto a un comentario que rezaba:  ¿Si me monto en Sabana Grande puedo salir allí?

martes, 26 de noviembre de 2013

Meet Joe Black... again.

Ayer domingo, día internacional de zapping, vi (de nuevo)” Meet Joe Black” con Brad Pitt y Anthony Hopkins. Titulada en español a manera de pregunta ¿Conoces a Joe Black? uno respondería ¡Claro que sí!, pero igual se queda allí viéndola. Primero esperando a que atropeyen a Pitt (aún sin nombre en ese momento) escena que pretendidamente dramática deviene en cómica por la sorpresa y los rebotes. Luego, para ver la reencarnación en Joe Black personaje que recuerda una mezcla cruzada de zombie o muerto viviente con extraterrestre que, amén de su desconocimiento de las vivencias humanas terrenales, se troca en un instante y por un instante, en fiscal de Hacienda para resolver el tema de la justicia ante la traición.

Para los que llegaron tarde, debo decir que la Muerte decide experimentar la Vida y para ello toma un cuerpo. Aleatoriamente agarra lo “mejorcito” que encuentra y allí está Brad Pitt  cruzando la calle y ¡Pum!... doble puntería porque, no sólo no lo pela con el súbito vehículo en la esquina, sino que con ese cuerpito se levanta a la más bonita, si no del pueblo (que luego sabemos que se trata de Manhattan), sí del elenco: Susan. Encarnada por Claire Forlani, de quien creo que se interpreta a sí misma porque linda es, eso no lo oculta maquillaje, pero es que ella debe ser así como vulnerable, medio insegura, profundamente romántica y con esa expresión en los ojos como esperando la frase decepcionante todo el tiempo. Sólo sus labios se parecen a la felicidad, allí constantemente coloreados con rojo mate. Pero esos labios son felicidad para el expectador.

Luego de 15 años viendo este film ahora estoy más cerca de la edad del Sr. Parrish (Anthony Hopkins) que de la de Black (de la que no estuve cerca ni en el estreno) Si bien se agradece verse representado con tanta elegancia y buena presencia por un señor como Hopkins que en ese grupo etario está siempre perfecto, me parece una desconsideración, por decir lo menos, presentar al  elegido por la Muerte como al anciano del reparto con escasos 65 años. Eso me pegó, tengo que reconocerlo sólo que el lapso de reclamo a Director y Productores ya caducó.
Un paréntesis. Acabo de descubrir que tal lapso existe, no sé cuánto dura pero en estos días se ha protestado universalmente por el asomo de postulación de Ben Afleck para el papel de Batman en el próximo capítulo de la saga.

Retomemos. El tiempo pega. La escena que otrora me arrugaba el corazón, porque la clasificación de drama romántico no es gratuito, ahora saca lágrimas (Qué pena con Susan) pero el gran descubrimiento es que Joe Black es… tra ta ta taaaa… eyaculador precoz. Y ésta es mi segunda venganza contra Brad Pitt (La primera es la risa cuando lo atropeyan).
A ver, la cosa es así: aunque la muerte no sabe de placeres terrenales a cualquiera le parpadean las convicciones (y en este caso las ignorancias) ante el cuerpito y los labios mate que matan de la Forlani, sí, de Susan. Es que hasta la Muerte sabe que ”es para  morirse”.


Este zombie que es Joe Black se deja (léase bien: se deja hacer el amor por Susan y descubre que es ”más sabroso que la mantequilla de maní”. Ella queda absolutamente gratificada, su cara lo dice. Pero es una gratificación etérea que brota de su enamoramiento romántico. O me van a decir que descubriendo el segundo placer más grato después de la mantequilla de maní a esa edad se comportó como el gran amante… ¡pues no! No me lo creo, no quiero.

Además, luego del performance ella le dice con ternura  “Fue como hacer el amor con alguien que lo hace por primera vez”… confirmado: ¡Eyaculador precoz!
Paralelamente parece que quisieran decir que el amor lo perdona todo, hasta esa precocidad... pero atención,  sólo hasta que ya no lo perdona más.

Así que ¡mosca! Si usted se parece a Brad Pitt, no se confíe, trate de no comportarse como Joe Black para que le rinda.
Feliz noche.

Nicolás Baselice Wierman.

Caracas, Octubre 2013.

sábado, 11 de agosto de 2012

Recuerdos del futuro


En el año 2007 me topé con un artículo del New York Times, fechado en Bulawayo, Zimbawe que bajo la firma de Michael Wines titulaba “Precios tope aumentan desgracia y hambre en Zimbabwe” En ese texto describía el autor, a manera de crónica, las prácticas económicas con las que el presidente Robert Mugabe enfrentaba el problema de la hiperinflación que azotaba a la Nación, vaya paradoja, como consecuencia de sus mismas prácticas económicas.

En ese momento, hace ya un lustro, la coincidencia con el proceso venezolano me pareció preocupante. Hoy, ante la aspiración continuista de nuestro Presidente y su convicción de que va en una vía que promete (o amenaza) profundizar, recuerdo el artículo de marras y más que preocupante se me antoja premonitorio, no de gratis compartimos hoy con Zimbabwe el record de las inflaciones más altas del mundo.
Tenemos en Venezuela un Presidente ya longevo en el cargo (serán 14 años al terminar este período) y aspira, como lo ha dicho, a 33 años en él. Creo que muchos de nuestros problemas son consecuencia de esa larga permanencia de una misma persona a la cabeza del Poder Ejecutivo.

Ya Simón Bolívar lo decía en el Congreso de Angostura: "Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía"
…y eso que no conoció a Robert Mugabe, Fidel Castro, o Juan Vicente Gómez.

Volvamos al artículo del New York Times, como decía, si en su oportunidad me pareció preocupante, hoy me luce premonitorio por lo que retomo la idea que me convocó en ese momento: la de transcribir el mismo artículo cambiando sólo lugares y nombres, trayéndolos a Venezuela y retitulándolo:

Venezuela 2021, recuerdos del futuro

VALENCIA, Venezuela - Hugo Chavez tiene más de 22 años gobernando esta golpeada nación, durante los cuales todos sus deseos han sido aprobados por el Parlamento y puestos en vigor por la policiía y los soldados. Pero ni siquiera un autócrata sin oposición puede revocar las leyes de la oferta y la demanda.

Un mes después de que Chávez decretó precisamente eso y ordenó a los comerciantes en todo el país que contrarrestaran una hiperinflación del 10.000% al año, con un recorte de precios de 50% y más, la economía se ha detenido por completo.
El pan, el azúcar y la harina de maíz, elementos básicos de la dieta han desaparecido, tomados por turbas que saquearon las tiendas. La carne es prácticamente inexistente, incluso para la clase media que tiene dinero para comprarla en el mercado negro. Es casi imposible conseguir gasolina. Los pacientes en los hospitales mueren por falta de provisiones médicas básicas. Imperan los apagones y la interrupción en el suministro del agua.
La manufactura ha reducido su ritmo al mínimo, porque pocas compañías pueden producir bienes por menos de sus precios de venta impuestos por el Gobierno. Se están acabando las materias primas porque los proveedores se ven obligados a venderle a las fábricas con pérdidas. Las empresas despiden a los trabajadores o reducen sus horas.

Pero el caos no socaba la autoridad de Chávez. Al contrario, el Gobierno avanza resueltamente hacia la adquisición de sectores importantes de la economía que aún no han sido nacionalizados.
Aunque la economía en Venezuela ha estado en proceso de contraerse desde el 2000, castigada por la zozobra política, la fuga de capitales y la mala administración, nunca se ha encontrado en peor estado que ahora, afirman ejecutivos empresariales.
“No había sentido ningún pánico en los últimos siete años”, expresó un fabricante de ropa, en Valencia, quien, como la mayoría de la gente, habló a condicción del anonimato. “Ahora”, agregó, “no estoy tan seguro. Creo que se avecina un verdadero colapso”.
Desde hace mucho tiempo, la inmensa clase marginada de Venezuela, la mayoría de sus 35 o 37 millones de habitantes no ha podido comprar la mayoría de los alimentos, así que los pobres rurales sobreviven con lo que puedan cultivar. Los pobres urbanos y los rurales por igual se mantienen a flote con dinero y comida enviados por los millones de venezolanos que han huído al extranjero. Las remesas son tan vitales que, en algunas áreas rurales, El Sucre latinoamericano ha reemplazado al bolívar fuerte esencialmente sin valor de Venezuela como la moneda preferida.

Con las tiendas vacías, es la clase media, que había logrado sobrevivir durante los últimos siete años de deterioro, la que probablemente sentirá el mayor impacto. Hoy, la gente se alimenta con la comida que tuvo la previsión o la posibilidad de guardar en despensas. En otras instancias, cruza la frontera a Colombia y Brasil en auto para conseguir provisiones, cuando hay gasolina disponible. Los despidos y las reducciones en la producción el las fábricas llevan a una nueva pobreza al 15% o 20% de los venezolanos adultos que aún tienen empleos. Los jubilados ahora descubren que ninguna cantidad de dinero puede comprar siquiera algunos productos de primera necesidad.

Los médicos privados afirman que las enfermedades de la pobreza, entre ellas la tuberculosis y la malnutrición, empiezan a aparecer entre sus pacientes, entre ellos los grupos minoritarios que antes formaban parte de la clase acaudalada.
Los pobres rurales también sufren: el Programa Mundial de Alimentos eitió un llamado urgente por 118 millones de dólares en donativos para alimentar a los venezolanos, al declarar que, sin más dinero, la sequía y los trastornos políticos vaciarían las reservas de la organización para fines del año.

Chávez ha representado los recortes de precios como un golpe contra los negocios que cosechan ganancias sin escrúpulos que, afirma, son parte de una conspiración del Imperio para volver a imponer el dominio colonial. Desde esa óptica, las rerducciones de precios son la contramedida del Gobierno.
Su decreto del 26 de junio, gran parte del cual fue promulgado más tarde como ley, fue draconiano: se le ordenó a los negocios bajar sus precios alrededor de 50%. Los propietarios de tiendas que se negaran a cumplir serían encarcelados. Las tiendas que cerraran o se negaran a volver a surtir bienes serán expropiadas por el Gobierno.


En semanas recientes, grupos de inspectores de precios han patrullado tiendas y fábricas e impuesto recortes de precios, a veces de manera arbitraria. Hasta 4.000 empresarios han sido arrestados, multados o encarcelados, según la policía venezolana.
La industria del vestido en Valencia, la mayor fuente de trabajos de la ciudad, ha absorvido un impacto directo con la drástica reducción de precios. Un fabricante de Valencia que antes empleaba a 140 trabajadores ya había reducido su nómina a 70 al tiempo que se hundía la economía de Venezuela.

Hasta aquí la transcripción ficcionada.

Hoy titulaba uno de los periódicos más antiguos de Venezuela “Se desacelera la inflación pero crece escasez de bienes básicos” esto según datos al día del Banco Central de Venezuela.

Mientras escribo está en la radio el Presidente en cadena nacional inaugurando un Abasto Bicentenario y se oyen maravillas de productividad, abastecimiento y felicidad. Estoy a menos de 10 km. de ese sitio y aquí la leche pasteurizada (no la de larga duración que es casi toda importada) llega una sola vez a la semana.
Estamos a 60 días de las elecciones y, aunque ya decretada la reducción de precios, aún no tenemos encarcelados … usted tiene la palabra.

Nicolás Baselice Wierman.
Caracas, Agosto 2012.

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