domingo, 26 de abril de 2026

 Graciella, fading away. In memoriam.

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Tuve la fortuna de tener tres madres: Luisa que me parió, que ya a los siete años me dejó carrera, método y gusto por el cine de misterio. Graciella, que me creció y Nieves, la Mamá Grande, tutora del padre que sería, “anietando” a nuestros hijos.


El costo de esa dicha es una trilogía de dolor hija de la lógica bíblica y biológica de: Los hijos enterrarán a sus padres…


 Esa trilogía se cerró el 25 de abril de este 2025. A sus 93 años, Graciella, que me creció, nos dejó. Dedicó su vida a cumplir la misión que su hermana Luisa le heredara: hacer de sus hijos buenas personas y profesionales útiles y capaces. Lo asumió de inmediato prescindiendo de la opinión de dos maridos: el suyo y el de Luisa. Era 1961-“Háblenme a mí de empoderamiento” diría hoy. Le debo todo lo que de bueno puedan reconocer en mí. Mis defectos y perversiones son de mi propia cosecha.


De la cotidianidad extrañaré su bendición de la mañana, que trocó de un ojalá -”Dios te bendiga”, en decreto-orden -“Dios te bendice”. Y el piropo a una belleza que solo las madres ven -“vas muy buenmozo” Al regreso, con cara de cansado, me recibía -¿Cómo te sientes? Discreta manera de -“Mi´jo ¿Y qué me le hicieron por allá? viene como destruido”. Eso también hará vacío.


De de su vida, nada que echar en falta. Fue obra cumplida con entrega y mucha generosidad. Eso sí, mucho que recordar, nostalgiar y sonreír.


Se fue Graciella como el final de un gran concierto con cota al margen de la partitura, de las primeras que aprendí y que en inglés siempre me pareció poética: Fading Away  o desvanecimiento, que en música es ir del sonido total, al silencio absoluto.

Así se fue Graciella, fading away, nos deja ese sabor de boca de un hermoso concierto  ejecutado con sensibilidad, pero irrepetible como ella, como la experiencia de la música en vivo.

Graciella, descansa en paz y gracias por tanto.


Abril 27 de 2025.

martes, 3 de febrero de 2026

A un mes de ese 3 de enero, las primeras 36 horas de estos últimos 30 días.

‎Síndrome del regreso inesperado.

‎En el año 2002 fue el golpe de Estado contra Hugo Chávez. Recuerdo cuentos de gente que celebró hasta caer borrachos... y despertaron tarde al día siguiente con la noticia de que Chávez había vuelto. ¿Un buen sueño con un mal despertar? Se preguntaban. Delirios de la resaca, creían otros. Pero no, realmente lo habían sacado, pero había, o mejor dicho, lo habían devuelto (Baduel mediante).

‎Más de veinte años después celebramos la extracción de Maduro, show de logística espectacular, muy mediático y a capitulazos. La propia estructura de una serie en streaming que nos mantuvo pegados a una sola señal de información en modo maratón de Netflix. O como antes en otras circunstancias, conectados a todas las señales y redes al mismo tiempo.

‎Agotados algunos, por el natural cansancio de la atípica jornada que había comenzado a las 2 de la madrugada, descansamos con la liviandad que genera el descabezamiento del régimen: Maduro esposado (doblemente, con los ganchos y con Cilia ya en Nueva York...

‎Pero heme aquí que al despertar la novedad es que Delcy Eloína, la vice de Maduro fue juramentada. Hay nueva Presidenta del Gobierno y un despertar, no tan dulce: "El síndrome del regreso inesperado".

‎Pero ahora la verdad verdadera es la transición y como le dije a alguien en los previos, no solo no será de golpe y porrazo, sino que además habrá que tragar mucha harina antes de silbar... Pero vamos a silbar.

‎Que cuánto tiempo, preguntan. No lo sé y muchos no lo querrán saber.

‎ Conclusión: Sin el extraordinario trabajo político de María Corina Machado de Primarias, traspaso de apoyo a González Urrutia vía doble inhabilitación y la organización de una red de comanditos comprometidos, que hizo posible el conocimiento "Urbi et Orbi" de los resultados reales de las elecciones de julio de 2024, no habría habido 3 de enero de 2026.

‎Lo que viene no está cantado, pero el primer compás marcó el ritmo y los acordes que sonaron nos dieron la tonalidad...

‎Que la orquesta esté a la altura.

sábado, 8 de julio de 2023

¿Que si me gusta el reguetón?












A partir de ese jaleo que se armó con la "discriminación" de los reguetoneros en los premios Latin Grammy, y la protesta  bajo el lema: Sin reguetón no hay Latin Grammy de Nicky Jam y Daddy Yankee a la cabeza con póster y todo que a su vez memizaron viralmente, alguien me pregunta ¿Te gusta el reguetón?...

Hay gente descaminada. Tengo casi 70 años. A quién se le ocurre que me pueda interesar semejante cosa. Pero hay que decirlo, en el fondo me  halagó.
Y siguieron otras ¿Es eso música? ¿No te parece tan básica que es involución? Como ven, todas con la opinión incluida, con la repuesta inducida.

Sin hablar de los intereses económicos, que será pecado para los beatos de la economía, el Latin Grammy es un "Spin of" (como dirían ahora) del antológico Grammy, que no de gratis se hace llamar Academia Nacional (USA) de Artes y Ciencias de la Grabación, para el mercado latino de la música es un logro equivalente a la liberación de un territorio previamente colonizado. Así de importante.



Nuestra cultura, la latina, aunque copia mucho de la sajona, con el tiempo termina aclimatando y haciendo propios, géneros originalmente ajenos.
El reguetón está incluido en la categoría de música urbana como el rap que, de origen sajón fue aclimatado, al grado que hoy tiene su voz propia por estos lados. Claro tienen en común urbe, barrio, discriminación y violencia.






El reguetón, en cambio, surge en capitales latinas, lo que lo hace auténticamente urbano y latino a un tiempo. Punto a favor.

Que mueve dinero. Mucho. Que tiene sus ídolos. Claro. Allí está Maluma, bello, joven, y dicen (o le dicen) que con talento. Qué le falta...
Un Grammy Latino de este año 2019. Maluma ni siquiera fue nominado justo el año en que fue ungido por la diosa: Madona. El ego duele.
El hombre estaba tan listo para la entrega, que hasta logró que le entregaran a tiempo su "primer avión privado" de 14 puestos y así presentarse con sus doce invitados (trece sería de mala suerte) a la ceremonia en Las Vegas. Todavía le queda la opción de los casinos o las playitas de Florida, "pa' eso tengo avión".
No sé si la exclusión de Maluma desató la polémica, pero es un elemento.

La coyuntura no deja de ser divertida e interesante, por el tamaño que toma contra su aparente superficialidad. Lo que sí, y cómo negarlo, el reguetón es un poder.
Seguramente, porque ese poder es económico, sus cultores crean que merecen los premios Grammy como muchos otros en los que acaparan hoy por el ruido que hacen en la escena musical, lo que aún depende de mercado, publicidad y otros movimientos estratégicos ajenos al arte propiamente dicho y dirigidos a la popularidad básicamente.

El jaleo podría zanjarse entendiendo que existen premios hasta para cantidad de visitas en YouTube mientras que la Academia va al Arte (con mayúscula) y a la excelencia de la aplicación de las ciencias (y técnicas) en las grabaciones.
En tiempos en los que se confunde calidad con popularidad y cualquiera se considera artista, la confusión arrogante no es extraña. Será cuestión de tiempo.

Pero vayamos al género propiamente dicho.
Salvando las distancias, si los Beatles no hubieran tenido la oportunidad de de desarrollar sus capacidades, que existían y fueron creciendo, y juntar un equipo como el que le conocimos ¿A dónde hubieran llegado con "she loves you, yeah, yeah, yeah"?
El reguetón, más allá de si nos gusta o no, está allí.
La música, no solo es moda.
La Onda Nueva no existía a principio de los años sesenta. El Catire, de Aldemaro Romero, lo presentó en un festival de la canción acá en Caracas y calificó, literalmente, de último. Hoy nadie recuerda quién ganó en esa oportunidad.
En cuestiones tan subjetivas, la prudencia recomienda ser mente abierta. Uno cambia y la música evoluciona y nada más humillante que terminar por ahí viejo con  pelo mal teñido y reguetonero de clóset.

Pongo un ejemplo: ¿Han escuchado el reguetón de los poetas de Huáscar Barradas?... Escúchenlo, y ya me dirán.
En fin, a manera de advertencia, recuerden a Cantinflas que comenzó como comenzó y llegó oficialmente a la Real Academia de la Lengua Española.

Ah, por cierto, de lo moral que se ocupen los moralistas.

No digas después / que no 'te lo dije, mami / que no te lo dije/

Nicolás Baselice Wierman.
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Octubre 2019.



lunes, 10 de agosto de 2020

Qué será de Careta.


A Maritza,

 Gracias vitales

Y al resto de las niñas, por su orbitar

En la fiesta que era ser niño, teníamos a Careta siempre de carnaval.

Un día se puso un antifaz que se hizo con nieve andina y penumbra muy oscura, casi negra, de la Cueva del Guácharo.

No era mucho. Le alcanzaba apenas para un solo antifaz. Los mayores, bien serios y bienvestidos, le decían: Careta revuélvelos bien. Háztelo gris. Pero Careta, que imaginaba mucho y oía poco, decidió respetar el frío de la nieve y el sueño de los guácharos en su oscuridad y se hizo el antifaz en blanco y negro. Blanco en el ojo derecho y negro en el otro ojo. Y la gente bienvestida le decía como regañando, lo que parece es un disfraz, ¡qué disfraz!

Los niños le dijimos, qué bonito tu antifaz. Y Careta a nosotros sí nos oyó y entonces decidió dejárselo puesto para siempre.

 Por eso la llamamos Careta, la vaca más bonita

Ah, porque Careta era una vaca. Sí, nuestra vaca. Mía y de mis hermanas, pero como era la vaca más bonita, era a la vez, de todos los niños de mi pueblo, y así, Careta hizo de toda nuestra infancia una alegre fiesta de carnaval.

Los adultos bienvestidos la veían pasar y decían como regañando, ahí va la mascota de las niñas. Era muy divertido, no sabían que nosotras éramos las mascotas. Careta nos cuidaba a todas, nos mimaba, nos alimentaba... como mascotas. Careta le pedía a papá Segundo que la ordeñara todos los días para que nos diera su leche, blanquita, fresca, única. Eso pasaba todos los días, si alguna vez estuvo triste nunca lo supimos, su leche siempre tuvo el mejor sabor.

Papá Segundo, decía como regañando, esa gente casi le hace la venia a la Careta cuando pasa, como que creen que también es hija mía. Y es que papá Segundo era autoridad civil de nuestro pueblo. Y claro, nosotras nos reíamos, orgullosísimas de tener  una "hermana mayor".

Cuando íbamos a la escuela Careta nos escoltaba en la retaguardia, siempre detrás del grupo. Adelante, mamá Nieves. Mamá Nieves era la Directora de la escuela. Pero también era la administradora y la maestra, la de todos, pero de todos toditos los niños del pueblo. Papá Segundo decía que en los pueblos pequeños los cargos son muy grandes.

Un día de aquel mundo sin televisión, sin aparatos, con electricidad en algunas partes y por horas, mamá Nieves, que era los ojos del futuro, quizo avanzar y que tuviéramos una nevera. Agua fría, leche fría, podremos hacer heladitos, decía mamá Nieves... pero eran muy caras. El precio de esa nevera era Careta. Era un intercambio, dijo Mamá Nieves. Usó, y aprendí, la palabra trueque.

Pidió la opinión de todas, pidió el voto de todas y así... perdimos a Careta.

Todo fue muy democrático. Yo lo comprendía porque Careta nos hizo práctica la democracia dándonos a todas igual derecho a su cariño, su compañía y, sobre todo, su leche.

Además de política, con este trueque, Careta nos enseñó un básico de Economía que la poesía recoge, la diferencia entre el valor y el precio. Cuando sumábamos nos decían: no mezclen peras con manzanas, pero lo hicimos. Confundimos el valor de Careta con el precio de una nevera y creo que perdimos.

Desde entonces sufro de una primitiva aversión por la tecnología y el trueque.

Ahora, ya grande, cada vez que rechazo alguna expresión de nueva tecnología o alguna arcaica propuesta de volver al trueque, me pregunto ¿Y qué habrá sido de Careta?

Me gusta imaginar que Careta descubrió, por noticia-chisme del alcaraván, que era prima de Mariposa, la de Simón, y que sería tía del terné bien bonito que Mariposa estaba por parir. Y que aún viven y se ven de vez en cuando en alguna parte del ancho de esta tierra, que va del blanco occidental de los picos andinos al negro oriental y profundo de las Cuevas de Guácharo...

Como el antifaz de Careta.


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EPÍLOGO.

domingo, 19 de julio de 2020

El desengaño amoroso de los glaciares andinos.

A Nicole,                                 
Prueba de que el futuro está aquí.



De niño, urbano como fui, me parecía muy especial el que un país, el mío, sin tener muy claro lo que eso significara, tuviera todo lo que uno veía en la tele, esa novedad que nos traía toda la monocromía del mundo al hogar. infinitos que se movían entre Macuto y Los Caracas allende Naiguatá.

Películas de selvas   -así es Guayana-  decían en casa, de desiertos   -Mira, como los Médanos de Coro- escuchaba, o aquellos documentales de alpinistas, (como le decíamos hasta hace muy poco  a todo el que escalaba montañas) acotados por un “Nevados como en Mérida”. Pensaba que lo teníamos todo aquí adentro. Yo aún no lo había visto pero me bastaba con los testimonios de quienes me rodeaban. Sólo para las historias de piratas tenía una referencia tangible: mis inmensos mares

Poco a poco fui conociendo esas humedades, calores y fríos de los climas que nos guardaban los paisajes nuestros. Conocí los calores desérticos y las arenas de Falcón y así, los Médanos de Coro. Recuerdo una conversación con una señora ya de edad avanzada que nos hablaba de los médanos, en el zaguán de su casa, típica colonial del sitio, en términos humanizados.
-Hoy amanecieron alborotados – decía la señora refiriéndose a las arenas.
- Se comieron la vía y están ahí echa'os. -Y concluía- Ahora habrá  que llevar la máquina a que los empujen.
Los trataba como si fueran gente, como muchachos traviesos que así como cortaban la carretera podían mover o desaparecer un montículo, que si servía de referencia orientadora a los nuevos visitantes, lo efímero provocaba que se extraviaran. Así se llevaban ese recuerdo a manera de souvenir de la travesura de “los muchachos”.


De todos esos climas y sus naturalezas era, para mí, la nieve y el frío lo menos natural y por ello insólito. Que el agua de mares y ríos se moviera y se regara, al final era agua, era obvio. El calor de desierto bajo el sol era obra lógica de ese sol. Pero las cumbres nevadas donde el agua ya no era líquida sino que se hacía sólida. Donde a pleno sol las temperaturas dejaban los ceros altos, era demasiada magia absurda.

En la escuela me explicaron las imágenes de la tele con una leyenda que confirmaba mi sospecha: ese  frío era un sortilegio. Escuché allí, por primera vez, la leyenda de Las Cinco Águilas Blancas, recopilada de la tradición oral de los Mirripuyes y que hablaba específicamente de nuestras cumbres nevadas de Mérida.

La leyenda decía más o menos que Caribay, hija del Sol Zuhe y la Luna Chía, vio volar cinco águilas blancas y quiso adornarse con sus plumas. Las siguió tras el rastro de sus sombras por valles y montañas. Desde esas alturas logró verlas posarse en un risco.
Aprovechó su quietud y fue hacia ellas pero no pudo hacerse de sus deseadas plumas. Las águilas estaban congeladas, eran cinco enormes masas de hielo. Caribay, aterrorizada, huyó. A poco, su madre Chía, se oscureció y las cinco águilas despertaron. Enfurecidas, sacudieron sus alas y la montaña toda se cubrió con el plumaje deseado.

Formó parte de mis fantasías por algún tiempo hasta que me encontré con ese paisaje. Descubrí, como en Coro, que la gente establece relaciones entrañables con su entorno y especialmente con los fenómenos y formaciones naturales particulares de sus regiones y de hecho parte de su tránsito vital termina siendo orientado por ese entorno natural. Creo que una forma de propiciar esa fraternidad es asignándole un alma. Convertidos en seres animados hace natural el tutearse con ellos. Esa leyenda de las Cinco Águilas es una muestra de eso.

El recopilador de la leyenda fue Tulio Febres Cordero un merideño que se me hace un soñador pragmático, poliédrico dirían ahora, cuya vida giró en torno a su ciudad y desde muchos ángulos, de las letras a la ciencia. En mis visitas a la zona, ya por trabajo, ya por placer, las conversaciones acerca de los picos nevados se desarrollaban en pronombres de nosotros, vosotros, ellos que equiparaba cualquiera de los glaciares con un humano más.

En alguna oportunidad escuché decir que los glaciares “Tienen masas de hielo suficientes para prepararle sorbetes al mundo entero por centenares de años”. Los presentan como quienes comparten sus golosinas, sus meriendas, lo que nos habla de esa humanización.



Pero esto va más allá de sólo un decir. La verdad es que esos sorbetes se hicieron realidad y bajaron a la ciudad. A comienzos de los años ochenta Manuel Da Silva decide abrir una heladería, Coromoto la llamó. Aunque él confiesa que al retirarse de la fábrica de helados en la que trabajaba, decidió comercializar sus propios helados, yo creo que más bien decidió por la poesía.
Conocí a Don Manolo, como le llaman todos, en su heladería, modesta como la mayoría de los sitios en Mérida para esa época. Nos contó que llegó de Portugal  (tierra de nobel de literatura y grandes poetas) a Mérida, la que adoptó como su ciudad. Se deslumbró con la nieve de los glaciares, se impresionó con los colores de su agricultura y los sabores de la cría y la pesca del sitio y de allí obtuvo la materia prima para su obra: helados, en plural. Tan en plural que más de treinta años después, se conoce como "Heladería Coromoto, la de los mil sabores" la verdad es que eran algo más de 850 y por ello dos veces Record Guinness.

Me parece una hermosísima actividad íntimamente relacionada con su región que la identifica y lo identifica, además de entregar a locales y visitantes miles de pequeños glaciares de colores y sabores con los que, a lo mejor sin quererlo, hizo honor a esas cumbres nevadas que coronaban su mundo adoptado.

Es interesante conocer en sitio, para mejor comprenderlo, la íntima relación de los habitantes con su entorno. Por ejemplo cuando nos contaban de antepasados que mantuvieron una relación bien particular con sus glaciares que fueron proveedores…  de frío a domicilio.
Los hieleros eran intermediarios entre las nieves y los hogares. Trasladaban kilos, unos veinte por persona, que con logística rendidora de dos medios viajes con la mitad de la carga y un medio viaje con toda la carga, llevaban la encomienda de la montaña proveedora al pueblo que lo agradecía.
Los hieleros atendieron las encomiendas de los picos nevados para los lugareños hasta que hubo la primera planta productora de hielo y las primeras neveras. El frío domesticado. Me gustó ver la heladería de Don manolo como una herencia de los antiguos Hieleros.

Hace unos meses me topé con un trabajo editorial que hablaba de la desaparición acelerada de los glaciares. Esas formaciones que me fueron tan atractivas desde niño. Que de tan natural presencia y (ahora) cercanía dimos por dada, resulta que es una “especie en extinción”
Nicole: el futuro 









La visita reciente de dos generaciones de mi descendencia al páramo andino y el intercambio de lluvia de imágenes, que a la velocidad de hoy, produce un minuto a minuto de la visita desde la distancia, me confrontó con lo efímero de la vida (Otro concepto de la misma escuela que me contó lo de las Cinco Águilas).
Mientras yo de niño fantaseaba con imágenes nevadas en blanco y negro, esos glaciares o esas Cinco Águilas, si lo prefieren, invitaron, bienvinieron y alojaron a visitantes que, más allá de lo contemplativo, interactuaron deportivamente, hombre-natura, en actividades tan extremas como el descenso en esquí sobre nieve.
Hasta los años sesenta  sólo había cinco pistas de esquí consideradas como las más altas del mundo y una de ellas estaba en nuestra Sierra Nevada de Mérida. Era el Pico Espejo. Ciertamente no es una de las cinco Águilas Blancas, pero eso sería solo un detalle porque desde él podía verse la continuidad nívea  de las cinco aves legendarias.

Año 1956 - Fotografía cortesía de Venezuela Inmortal





A un lado, los Picos Bolívar, La Concha y, como uno, el Humboldt y el Bonpland, compartiendo una misma estructura. Al otro, los picos El Toro y El León.

Parece mentira  hoy a tan relativamente pocos años estemos presenciando la desaparición de esos glaciares al extremo de ser testigos de la agonía del último de ellos.
Otra evidencia de cómo el entorno puede inspirar la vida de sus habitantes es el que quizás fue el último testigo del proceso de deshielo de nuestros glaciares andinos. Se llamaba Francisco. Era otro enamorado de esas nieves. Les escribió canciones, poemas, contrapunteos y hasta chistes. A falta de fotografías, narraba imágenes que podían hacer sentir a quienes  bien escucháramos,  la nostalgia de un pasado que no habíamos vivido.

Ya el “creador de leyendas” como se le conoció a Tulio Febres Cordero, al tiempo de publicar “Las Cinco Águilas Blancas” escribía esto:

“(…) el deshielo es evidente. De ello no se da cuenta la nueva generación sino a medias; pero los que contemplamos los bellos nevados hace más de cincuenta años, vemos con tristeza que la gran maravilla de Mérida, su diadema de perpetuas nieves, va desapareciendo de un modo sensible.” 

Un hombre producto de la magia de los glaciares, me parece. Era años veinte del siglo pasado y esa suerte de predicción, para decirlo en términos de hoy, no llegó a ser trending topic.

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Pues sí, el tiempo pasa. Desde mis fantasías infantiles con las cumbres heladas hasta hoy ya no hay pista para descenso en esquí, Francisco falleció hace unos meses en 2018. La heladería Coromoto vivió sus propias glaciaciones y cerró dos veces por escases de insumos y una tercera por duelo. Don Manuel también nos dejó. Y la leyenda de las Águilas Blancas perderá sentido al explicar algo que no existe.
Dicho en una sola oración: Hoy los glaciares andinos son una nostalgia, ya no más una esperanza.
Y vuelvo a fantasear aquí sentado ante este teclado, ya en clave nostálgica.
Sumo los años de contemporaneidad amorosa y registro acucioso de los glaciares de Tulio Febres Cordero y Francisco Castillo, también los más de sesenta de Don Manuel Da Silva entre nosotros y los proyecto en el  tiempo unos doscientos años hacia adelante. Gracias a la física cuántica pliego el tiempo y perforo. Así  traigo del futuro una minicrónica encontrada en el cofre de los libros perdidos al final de ese túnel de gusano o madriguera de conejo (para citar un clásico). Aunque creo que faltan algunas páginas miren lo que dice:

"En una cápsula que se desplaza en este sistema ya multicentenario de ascenso a la montaña y que, no obstante los avances tecnológicos y los cambios de diseño, seguimos llamando teleférico, nos hacen  un turisteo contemplativo a distancias de tiempo y de espacio.
Nuestra guía, con el acento del hablar de la zona, marcado por esa eterna amabilidad idiosincrática, nos decía:

-¿Ven aquellas elevaciones? Sí, esos seis picos que a ratos parecen cinco. Pues cuenta la historia que fueron llamados los de las nieves perpetuas. Vistos así, tan verdes o tan ocres, según la temporada, pareciera que estuviéramos hablando de nuestra Atlántida local. Para mí eso es toda una leyenda urbana -Remataba con aires de que era una ocurrencia del momento.

-Ante la leyenda prefiero el mito de las Cinco Águilas Blancas -Dijo la muy joven guía de muy colorados pómulos.
Y continuó:
-Dice el mito que estas cinco águilas, eran muy pero que muy blancas, tanto que solo podían verse contra cielos despejados de ese azul que no sé por qué los padres de mis abuelos llamaban decembrino; mientras que contra cielos nublados solo sus ojos eran perceptibles. Redondos, negros, brillantes. Las águilas eran enormes, eran hermosas, y en su vejez, cargadas de belleza, de valores ancestrales y del poder del frío, se posaron en esas cumbres con la esperanza de eternizarse en ellas y esa ilusión se cumplió.


Blanquearon las cimas, bajaron sus temperaturas, variaron su vegetación, revalorizaron el oxígeno. Y así pasó el tiempo y se hicieron tiempo, hasta que el amor, también con alas, ya no de águila, pero muy amplias, se hizo presente y volando en círculos supo de aquella ilusión de las veneradas águilas blancas.

Entonces el Amor ascendió en espiral y desde un centro cenital, asumiéndose como el único eterno y erudito, en tono arrogante sentenció:


"Toda eternidad, como el amor eterno, es eterna mientras dura"...

                                Y las nieves se derritieron.




Nota:
Este texto fue producido para el taller de Crónica de la Fundación Biggot
en el primer semestre del año 2019 y rescatado ahora en julio de 2020
a propósito de una generosa nevada, cada vez menos comunes
y muy noticiosas, en las  montañas merideñas a las que alude su contenido.

Nicolás Baselice Wierman.
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Instagram @nbaselice
Julio 2020.

miércoles, 22 de abril de 2020

Lalo, el hielo y Europa. In Memoriam





"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo..."

García Márquez, Cien años de soledad.

Este párrafo tan conocido siempre me recuerda a mi compadre.

Eladio era estudiante de la facultad de Ciencias, Química para ser exactos. Yo de la Escuela de Arquitectura y vecino de los laboratorios. Coincidimos una tarde en los pasillos de la UCV y me invitó a conocer el suyo, "su laboratorio". Él no lo sabía, pero siempre me han maravillado esos sitios.

Luego de un pequeño tour, una demostración:

Tomó una manguerilla de goma flexible, la introdujo con cierta precaución en un bote de aluminio humeante, como si contuviera hielo seco. Inmediatamente la sacó y la golpeó contra el mesón de trabajo y la manguerilla se quebró en pedacitos... se había cristalizado en un segundo... magia pura. Era nitrógeno líquido. 

Me explicó entonces que los gases se licúan a bajísima temperatura y ese frío extremo había cristalizado la goma en cuestión. Fascinante.

Muchos años después, nos recibió en su casa en Pushheim, Alemania, un pueblo a 20km de Múnich donde Eladio hacia un postgrado en año sabático.
Lalo y yo ya éramos familia, su mujer y la mía, Tere y Maritza son hermanas y mi hijo menor su ahijado. Allá estuvimos durante un mes. Era verano y rodamos por varios pueblos de varios países, por tierra, alternándonos el volante.

Cómo dije, ya éramos familia dentro de otra más grande y sumábamos catorce. Tres generaciones bajo un mismo techo. Fue nuestro hermano mayor, padre sustituto de mis hijos, nuestro catedrático doméstico, y nos hicimos grandes todos juntos y digo grandes como en el sur, porque viejos, solo algunos de nosotros.

Conocí su laboratorio en Múnich, me hizo el tour (yo en un laboratorio alemán. Disney world pues) y de nuevo...

La cristalización de la goma flexible.

-Lalo <le dije> tantos años y tantos kilómetros y me vienes con el mismo acto de magia del nitrógeno... y reímos.

Pues resulta que Hollywood lo descubrió después y utilizó el nitrógeno líquido para destruir todo tipo de enemigos implacables como en Terminator. No me sorprendieron. Para mí, el truco ya era un clásico y mi compadre Eladio un visionario.

Lalo me enseñó "el hielo" y, a la inversa de Colón en su tercer viaje, me llevó a descubrir Europa en el primero de los míos.

Este lunes, Lalo partió con la mayoría, al decir de Sabater. Lo hizo en silencio con la discreción que fue su marca. Era temprana la noche, seguramente fresca, como suelen ser en ese cerro donde, desde muy joven, decidió pasar la vida con su inseparable ElmeTere.
      

Al vacío por tu partida antepongo la certeza de que viviste la vida que quisiste, la que desde muy temprano diseñaste con Tere. Con altas y bajas, claro, es la vida. Pero también con hijos brillantes, nietos hermosos, cariños, vinos, buen café y mucho de reír... soy testigo.

Hablando de la muerte decías a Tere:

"yo primero y de un solo golpe"

y así fue.
Qué más se le puede pedir a la vida.

Compadre, auf wiedersehen .



Nicolás Baselice Wierman.
@nbaselice en twitter
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Abril 2020.

sábado, 25 de enero de 2020

Y no se atrevieron


Se conocieron en su juventud, que no era la de él y desde su experiencia, que no era la de ella. Se admiraron desde ese día. Ella, porque lo creía inteligente. Él, porque sabía que ella lo era. Fueron descubriéndose y constatándose. Él se confirmó en ella. Ella se feflejó en él... y continuaron sus caminos.

En el tiempo se pensaban sin fijaciones, sin obsesiones, sin ansiedades, sin fantasias... Se engañaban.

Quiso el infinito (lo dicta la geometría) que esas líneas paralelas convergieran. Pero de mucho pensarse, ahora se sabían y por ello se temían.

Por instinto se atrevieron y se perdieron el miedo. Así, él entró arrasando en ella que quería que la huracanizara y como él quería ser  colonizado, ella  lo invadió sin piedad en toda su geografía.


Descubrieron una felicidad que sabían complicada y por ello perfecta. Era de construcción diaria, constante, intensa. Y el temor volvió y se impuso dictando el vencimiento.



Siguieron sus vidas. Él, en la creencia del jamás. Ella, en la certeza del tal vez.

Pasó el tiempo y el mundo creció haciéndose pequeño y coincidieron en una malla, un tejido, una red, que eran todo ella... estaban en su terreno.

Dependieron de su destreza que no se parecía a la de él y de su deseo que no parecía ser el de ella.



Era otra la dimensión. En esa, no sabían cuánto se sabían y el temor se mantenía. 



No obstante se exploraron, se leyeron, se descubrieron auténticos. Sabían que eran mejores, que se merecían, que se pertenecían. Que la nostalgia trocaba en promesa de futuro. Que el amor estaba intacto.



Era cuestión de perderse el miedo...

 y no se atrevieron.

#ElCursiNuestroDeCadaDia






domingo, 26 de mayo de 2019

La oscuridad primitiva

Es marzo, es once, es Venezuela. A las siete de la mañana de este día todavía un porcentaje del país se mantiene a oscuras, tanto, que se han suspendido las actividades académicas y laborales en todo el territorio nacional.
Todo, consecuencia de la interrupción del servicio eléctrico desde el jueves anterior a poco menos de las cinco de la tarde, momento desde el cual muchas de las zonas apagadas no han recibido ni un minuto de servicio, como el estado Zulia, durante un intento de restitución del servicio que ha resultado espasmódico a lapsos promedio de unas diez horas de sí contra otras tantas de no.
Si bien es cierto que este ha sido un apagón record, también es verdad que este evento es solo un escalón más en las ya consuetudinarias fallas del servicio.

En Venezuela tenemos un generador de energía hidroeléctrica de los más importantes del mundo, lo llamamos Guri. Fue proyectado en el extremo sudoriental del territorio y destinado a proveer de electricidad a las llamadas empresas básicas de Guayana, que en la transformación del hierro (minería) en aluminio y acero (industria suderúrgica) requieren de un inmenso, y digo inmenso, consumo de energía eléctrica. Si de esa generación, luego de su consumo primordial, quedaba algún excedente, se transmitiría al resto del país y hasta se exportaría, a Brasil por ejemplo, como de hecho sucedía en los tiempos en que, tanto Guri como la siderúrgica, funcionaban a plenitud.
Con el correr del tiempo, por razones objeto de otro artículo, la siderúrgica bajó su producción casi a cero y Guri por su parte fue perdiendo la operatividad de varias de sus turbinas.
Por otra parte, el resto del país se alimentaba de energía eléctrica desde generadores de sistemas termoeléctricos algunos e hidreléctricos otros, según la geografía, y en conjunto constituían el Sistema Eléctrico Nacional. Sistema este que contaba con reservas de contingencia, que en casos extremos de fallas como la presente, recuperaban el servicio en un máximo de dos horas.

Pues de la misma manera en que Guri perdió la operatividad de sus turbinas, el Sistema Eléctrico Nacional perdió paulatinamente operatividad y se fue "acostumbrando" a depender del suministro de Guri, que ahora, sin la solicitud de las empresas básicas y aun trabajando a bajo porcentaje de su capacidad, era puro excedente.

Es así como se estableció, digámoslo coloquialmente, un solo cable desde Guri, en el extremo sudoriental del país, hasta Táchira o Zulia en el extremo occidental opuesto. Eso trajo como consecuencia que cualquier alteración en la generación o en la distribución produjera interrupciones de cierta duración en regiones determinadas, particularmente en las más alejadas del origen en Guri, en caso de generación, o en las más cercanas a la perturbación en caso de distribución.

En el año 20--- ya se decretó una emergencia eléctrica, tan lejos como que Hugo Chávez vivía, y esa circunstancia permitió que el dinero asignado, que en tanto emergencia se adjudicó sin licitaciones y, por lo visto, sin seguimiento y control, se consumiera en plantas termoeléctricas y otras modalidades (se habló de barcos generadores para hacer, supongo, cabotaje itinerante de suministro) que luego supimos que eran de segunda mano, facturadas como nuevas y con sobreprecios considerables. Y allí están, solo que no funcionan, no se instalaron, se abandonaron y muchos etcéteras.

Decíamos que es un escalón más en los ya consuetudinarios fallos eléctricos en todo el país.
Para los responsables de este servicio, para su imagen quiero decir, no es lo mismo que no haya electricidad en una región, o en dos estados, que solo afecta directamente a sus habitantes mientras el resto de la población le parece muy malo pero lo percibe, inevitablemente como lejano, no es lo mismo decía, que un apagón en más del 90 por ciento del país que hace inocultable y a conciencia plena y en simultáneo de toda la población, la tragedia que supone no contar este servicio como consecuencia de la mala gestión sin atención de presente ni previsión a futuro.

Y es aquí donde estamos, perdiendo vidas siempre valiosas, perdiendo medicamentos que no sobran por cierto, perdiendo comida que tanto cuesta adquirir...

Las respuestas de Nicolás Maduro y su gente se circunscriben a un discurso épico-romántico de "venceremos el ataque hartero a nuestro sistema en esta guerra eléctrica del imperio" mientras que el ciudadano está esperando información técnica de logística y tiempos para certidumbre y comprensión de la situación. Por el contrario lo que se percibe es un auténtico desconocimiento de la magnitud del problema que tienen entre manos cuando en un primer momento el ministro a cargo ofreció solución en tres horas y ya estamos en el cuarto día... y el ministro por cierto, no ha vuelto a hablar.

La situación real es que, en vista de que la alteración, producto de un incendio muy cerca de Guri (generación) dejó fuera de servicio a la totalidad del país, cada estado o región deberá tratar de solventar con las subestaciones mal mantenidas o abandonadas como ya dijimos, y "repartir" lo que haya de generación local, con criterio de prioridades que ojalá sean sensatas. Así hasta la reparación definitiva del accidente en Guri.
Un ejemplo, Caracas logra producir, con estos sistemas alternos en funcionamiento algo como 700 unidades (Mega Vatios, creo) mientras que el requerimiento es el triple, por lo cual esos 700 se van racionando y poniendo y quitando alternativamente en unas zonas u otras. Las malas lenguas dicen que priorizan los barrios populares, más por miedo a revueltas que por consideración de los desfavorecidos eternos, matando dos pájaros de un tiro al dejar así urbanizaciones tradicionalmente opositoras sin el servicio por tiempos mayores. Bueno, esto es Caracas que en ese sentido es la consentida. Siempre se ha temido a las reacciones de la capital. En estados del interior del país, donde los accesos a subestaciones son más intrincados, obviamente la situación es mucho más apremiante.

Recuerdo en los primeros compases de esta tragedia al presidente Chávez, en el mismo plan épico pero desde el paternalismo-populista que aún hoy no sé si era cinismo o ignorancia pero al final definitivamente demagógico, declarar que si había que parar la siderúrgica y traer toda la energía de Guri a Caracas y al resto del país, pues "yo paro la siderúrgica. Primero está el pueblo" Digo que ignorancia o cinismo porque lo que realmente estaba detrás de semejante declaración era el ocultamiento de la necesidad de utilizar un recurso concebido para otro fin (Guri) por el mal manejo del correspondiente. Además que creo recordar que la siderúrgica ya estaba técnicamente parada en ese momento, en cuyo caso era definitivamente cinismo.
Parafraseando  el dicho aquél: De aquellos apagones viene esta oscurana.
Tenemos la capacidad técnica, pero está del lado que no le gusta a Maduro y su gente, tenemos la capacidad instalada con unos jugueticos, que si bien están abandonados, visto lo visto, serían de relativa fácil recuperación. Eso es dinero, que también se puede obtener, solo que habría que ponerlo en manos diferentes a las que acabaron con las asignaciones referidas a la "otra emergencia" que es esta misma.

Escuchaba a un locutor de radio en "operativo especial por la emergencia eléctrica" muy condescendiente para mi gusto, decir: "Oremos para que el servicio eléctrico se restablezca pronto". Que me disculpe la gente de fe, pero se ora ante un desastre natural, ante una enfermedad. Esto de la electricidad entra en el ámbito del libre albedrío. Esto ha sido una decisión de humanos y es aquí, con los pies en la tierra que hay que solucionarlo. De no ser así, nuestra oscuridad ya no será una metáfora.

Nicolás Baselice Wierman.
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Instagram @nbaselice
Marzo 2019.

miércoles, 3 de abril de 2019

El apagón, la oscuridad primitiva.

Es marzo, es once, es Venezuela. A las siete de la mañana de este día todavía un porcentaje del país se mantiene a oscuras, tanto, que se han suspendido las actividades académicas y laborales en todo el territorio nacional.
Todo, consecuencia de la interrupción del servicio eléctrico desde el jueves anterior a poco menos de las cinco de la tarde, momento desde el cual muchas de las zonas apagadas no han recibido ni un minuto de servicio, como el estado Zulia, durante un intento de restitución del servicio que ha resultado espasmódico a lapsos promedio de unas diez horas de sí contra otras tantas de no.
Si bien es cierto que este ha sido un apagón record, también es verdad que este evento es solo un escalón más en las ya consuetudinarias fallas del servicio.







En Venezuela tenemos un generador de energía hidroeléctrica de los más importantes del mundo, lo llamamos Guri. Fue proyectado en el extremo sudoriental del territorio y destinado a proveer de electricidad a las llamadas empresas básicas de Guayana, que en la transformación del hierro (minería) en aluminio y acero (industria suderúrgica) requieren de un inmenso, y digo inmenso, consumo de energía eléctrica. Si de esa generación, luego de su consumo primordial, quedaba algún excedente, se transmitiría al resto del país y hasta se exportaría, a Brasil por ejemplo, como de hecho sucedía en los tiempos en que, tanto Guri como la siderúrgica, funcionaban a plenitud.

Con el correr del tiempo, por razones objeto de otro artículo, la siderúrgica bajó su producción casi a cero y Guri por su parte fue perdiendo la operatividad de varias de sus turbinas.
Por otra parte, el resto del país se alimentaba de energía eléctrica desde generadores de sistemas termoeléctricos algunos e hidroeléctricos otros, según la geografía, y en conjunto constituían el Sistema Eléctrico Nacional. Sistema este que contaba con reservas de contingencia, que en casos extremos de fallas como la presente, recuperaban el servicio en un máximo de dos horas llevando a cabo trabajos con protocolos establecidos para emergencias y ni de lejos consideradas como acciones heroicas.

Pues de la misma manera en que Guri perdió la operatividad de sus turbinas, el Sistema Eléctrico Nacional perdió paulatinamente operatividad y se fue "acostumbrando" a depender del suministro de Guri, que ahora, sin la solicitud de las empresas básicas y aun trabajando a bajo porcentaje de su capacidad, era puro excedente.

Esquema grosso de nuestra expresión
"Un solo cable desde Guri"
Es así como se estableció, digámoslo coloquialmente, un solo cable desde Guri, en el extremo sudoriental del país, hasta Táchira o Zulia en el extremo occidental opuesto. Eso trajo como consecuencia que cualquier alteración en la generación o en la distribución produjera interrupciones de cierta duración en regiones determinadas, particularmente en las más alejadas del origen en Guri, en caso de generación, o en las más cercanas a la perturbación en caso de distribución.
Decíamos que es un escalón más en los ya consuetudinarios fallos eléctricos en todo el país. En el año 2010 ya se decretó una emergencia eléctrica, tan lejos como que Hugo Chávez vivía, y esa circunstancia permitió que el dinero asignado, que en tanto emergencia se adjudicó sin licitaciones y, por lo visto, sin seguimiento y control, se consumiera en plantas termoeléctricas y otras modalidades (se habló de barcos generadores para hacer, supongo, cabotaje itinerante de suministro) que luego supimos que eran equipos de segunda mano, facturados como nuevas y con sobreprecios considerables. Y allí están, solo que no funcionan, o no se instalaron, o sí, pero se abandonaron y muchos etcéteras.

Para los responsables de este servicio, para su imagen y sustentabilidad de su discurso quiero decir, no es lo mismo que no haya electricidad en una región, o dos de ellas, que solo afecta directamente a sus habitantes mientras el resto de la población le parecerá muy malo pero lo percibe, inevitablemente, como lejano, no es lo mismo, decía, que un apagón en más del 90 por ciento del país que hace inocultable y pone en conciencia de los ciudadanos en pleno y en simultáneo, la tragedia que supone no contar este servicio como consecuencia de la mala gestión sin atención de presente ni previsión de futuro.

Y es aquí donde estamos, perdiendo vidas siempre valiosas, perdiendo medicamentos que no sobran por cierto, perdiendo comida que tanto cuesta adquirir...

Las respuestas de Nicolás Maduro y su gente se circunscriben a un discurso épico-romántico de "venceremos el ataque hartero a nuestro sistema en esta guerra eléctrica del imperio" mientras que el ciudadano está esperando, ya no razones, ya poco importa, sino información técnica de logística y tiempos para certidumbre y comprensión de la situación. Por el contrario lo que se percibe es un auténtico desconocimiento de la magnitud del problema que tienen entre manos cuando en un primer momento el ministro a cargo ofreció solución en tres horas y ya estamos en el cuarto día... y el ministro por cierto, no ha vuelto a hablar.
La situación real es que, en vista de que la alteración, producto de un incendio muy cerca de Guri (generación) dejó fuera de servicio a la totalidad del país, cada estado o región deberá tratar de solventar con las subestaciones mal mantenidas o abandonadas, como ya dijimos, y "repartir" lo que haya de generación local, con criterio de prioridades que ojalá sean sensatas. Así hasta la reparación definitiva del accidente en Guri.
Termoeléctricas de Mérida. Inauguradas en 2010.
Abandonadas en 2012. Desmanteladas en 2016.
Imágenes actuales.


Un ejemplo, Caracas logra producir, con estos sistemas alternos en funcionamiento algo como 700 unidades (Mega Vatios, creo) mientras que el requerimiento es el triple, por lo cual esos 700 se van racionando y poniendo y quitando alternativamente en unas zonas u otras. Las malas lenguas dicen que priorizan los barrios populares, más por miedo a revueltas que por consideración de los desfavorecidos eternos, matando dos pájaros de un tiro al dejar así urbanizaciones tradicionalmente opositoras sin el servicio por tiempos mayores. Bueno, esto es Caracas que en ese sentido es la consentida. Siempre se ha temido a las reacciones de la capital. En estados del interior del país, donde los accesos a subestaciones son más intrincados y los abandonos más evidentes, obviamente la situación es mucho más apremiante.

Recuerdo en los primeros compases de esta tragedia al presidente Chávez, en el mismo plan épico pero desde el paternalismo populista, que aún hoy no sé si era cinismo o ignorancia pero, al final, definitivamente demagógico, declarar que si había que parar la siderúrgica y traer toda la energía de Guri a Caracas y al resto del país, pues "yo paro la siderúrgica. Primero está el pueblo" Digo que ignorancia o cinismo porque lo que realmente estaba detrás de semejante declaración era el ocultamiento de la necesidad de utilizar un recurso concebido para otro fin (Guri-Siderúrgica) por falta de planificación del recurso correspondiente. Además de que creo recordar que la siderúrgica ya estaba técnicamente parada en ese momento, en cuyo caso era definitivamente cinismo.

Parafraseando el dicho aquél: De aquellos apagones vienen estas oscuranas.

Tenemos la capacidad técnica, pero está del lado que no le gusta a Maduro y su gente, tenemos la capacidad instalada con unos jugueticos, que si bien están abandonados, visto lo visto, serían de relativa fácil recuperación. Eso es dinero, que también se puede obtener, solo que habría que ponerlo en manos diferentes a las que acabaron con las asignaciones referidas a la "otra emergencia" que es esta misma.
Escuchaba a un locutor de radio en "operativo especial por la emergencia eléctrica" muy condescendiente para mi gusto, decir: "Oremos para que el servicio eléctrico se restablezca pronto". Que me disculpe la gente de fe, pero se ora ante un desastre natural, ante una enfermedad. Esto de la electricidad entra en el ámbito del libre albedrío. Esto ha sido una decisión de humanos y es aquí, con los pies en la tierra que hay que solucionarlo.

De no ser así, nuestra oscuridad ya no será una metáfora.


Nicolás Baselice Wierman.
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Marzo 2019.

martes, 19 de marzo de 2019

Chacaíto - Buenos Aires


Mismo andén, diferentes puertas. Coincidieron en un vagón del subterráneo. Sucedía usualmente aunque con poca frecuencia para el gusto de él. Ella, como siempre, con cara de agradada por la sorpresa a juzgar por su sonrisa perfecta y en contrapicado con la que invadía, inexorablemente, de abajo hacia arriba.

Era jueves pero la “sensación térmica” era de martes en virtud de un absurdo decreto de feriado que hizo del miércoles anterior un “como lunes”. Él no se sentaba nunca mientras viajaba, era su forma de conservar su cortesía aprendida para con las damas. Ahora ese gesto podría ofender. Eran tiempos de feminazzismo. Ella viajaba sentada siempre que hubiera oportunidad. Así que iban, él de pie, ella sentada y hablaban como en una cápsula en medio de aquel ruido natural del ambiente cerrado. Realmente se leían los labios.

Desde que se conocieron, ya casi veinte años, sintieron una conexión de la que nunca hablaron. De lo que sí hablaron era de política, de lo paranormal, de sus planes, algunas frustraciones, así como de alegrías y orgullos. Allí en el orgullo aparecían los hijos y entre los hijos las consentidas, esas mujercitas maravillosas que adornan nuestras vidas y llenan de historia nuestros futuros. Él llamaba a la suya de una manera muy cursi, - al decir de los envidiosos – solía decir. Ella llamaba a la suya con una cacofonía que tartamudeaba una sílaba de su nombre.

En veinte años eran muchos los episodios intercambiados acerca de ellas. Ambos sentían (imaginaban) que habían visto crecer a la del otro. Él asociaba su primer deseo de tener una hija con cierto suceso en el subterráneo, el mismo en el que viajaba ese día. Coincidía en eso con ella que alguna vez le comentó que había descubierto su embarazo al abrir el sobre que lo certificaba durante un viaje en ese tren. Bromeaban, él le decía, allí me embaracé. Ella le respondía, así supe que te preñé.
En veinte años, no solo los muchachos crecen, las sociedades evolucionan o involucionan. Así llegaron los tiempos de la emigración y ahora, como ese día, hablaban de las distancias. Ahora se leían los labios pero también los ojos. El dolor por la circunstancia y el pudor por la lágrima pública impedía los detalles de esas distancias obligadas. Ambas estaban en el sur hacía casi el mismo tiempo, les iba bien… hasta allí los detalles. Era el límite del llanto.

Al filo de las 17 horas de ese jueves “casi martes”, el vagón se fue a negro. Un extraño silencio ronco que murmuraba en baja frecuencia los rodeó y así mismo, una sensación corpórea que nunca supieron si fue mental o física, pero que los hizo sentir como ingrávidos aunque sin despegarse del piso él, ni de su asiento ella.
No sabrían decir si fue de inmediato o no, pero a la vuelta de las luces ya habían recobrado la sensación 
                                                             de la gravedad que da tanta seguridad.
El sonido interno anunció “Estación Chacaíto” con un
extraño acento sureño. Era su destino, salieron con cierto desconcierto pero a prisa. Se cerraron las puertas y se encontraron en un andén solitario –El salto de energía- pensaron.
Pasaron los torniquetes pero tuvieron que salir por una puerta que bien podría ser de emergencia –El salto de energía- reiteraron…

Atravesaron esa puerta y encontraron muchas mesas, muchas personas comían cosas ligeras. Se miraron con desasosiego. No entendían nada.

Su mayor sorpresa: Allí estaba la niña del apelativo cursi y la niña de la sílaba tartamudeada, con los brazos extendidos, la felicidad en el rostro y los labios listos para derramar besos…  era una sola, era la misma, era de ambos, eran sus padres y estaban en Buenos Aires…

Era el día del gran apagón de Caracas en marzo de 2019. Un salto en la Matrix.

Y decidieron no regresar nunca más.

Nicolás Baselice Wierman.
@nbaselice en twitter
Instagram @nbaselice
Marzo 2019.








Este cuento se disparó al ver la fotografía de este local de comida rápida en Buenos Aires junto a un comentario que rezaba:  ¿Si me monto en Sabana Grande puedo salir allí?

martes, 19 de febrero de 2019

...Y yo le respondo a Silvio



Resumido en Twitter

Lo voy a decir fácil.
Cuando el artista supera al hombre. Las letras de Silvio que hablan de libertad, justicia y sueños, se pueden cantar hoy contra @NicolasMaduro y su gente...
Las de amor no. Esas me las reservo para ella de noche y mis guitarra
s.



El 31 de enero de este 2019 Rubén Blades escribió un artículo a manera de carta abierta a Nicolás Maduro a propósito de la situación política venezolana.
También está una Carta de Silvio a Rubén que siendo una respuesta a las posiciones de Rubén con relación a Venezuela, en rigor cronológico, no es respuesta a la de enero del panameño. Esta corresponde al año 2014. No obstante, son posiciones de actualidad y me voy a tomar la licencia de responder a Silvio contrastándola con la de Blades.
Esto solo será una excusa para tomar posición ante ese radicalismo, que a partir de la decepción y desastre final de los intentos de imponer las ideas de izquierda, se pretende acabar con, no solo la historia universal, sino con las historias personales y particularmente las "bandas sonoras" de nuestras vidas.

                                                         -------- * ---------

El autor, su obra y la persona, son entidades separadas. La buena obra artística no se debe dejar de admirar porque la persona-autor piense de una u otra manera. A Silvio su obra lo supera. Quiero decir que el artista supera a la persona. Suele suceder con los grandes artistas. Dos extremos: Así Borges, así Picasso. Podriamos decir lo mismo de Rubén.
Vivo en Venezuela. Voy a cumplir 70 años en cualquier momento. De padres humildes me hice arquitecto con mucho esfuerzo y mis hijos también son universitarios y de nivel superior al mío. Eso se llama ascenso social y sucedía en esa Venezuela, la que Silvio cree que                                                                         necesitaba esta revolución.
Solo te invitaría a vivir entre nosotros, sin los privilegios de Maduro y su gente, un par de años y luego me dirás.
Entre Silvio y Ruben que no viven aquí, les digo que el segundo está más en la realidad.

Silvio, todo lo que dices del opresor le calza exactamente a Maduro y su gente. Tus referencias históricas son correctas, pero las particulares de Venezuela te las vendió tu gobierno, que es parte interesada. Ni lo de las elecciones es cierto, tampoco lo de Barrio Adentro ni mucho menos lo de las mayorías. Y así con toda la épica chavista.

En fin, que en veinte años estamos peor que Cuba en sesenta, allí vemos nuestro futuro. No creo que sea justo ni tenga sentido sacrificar al "no futuro" a una sociedad por el sueño de cien revolucionarios románticos trasnochados y muy, pero que muy corruptos.

Por lo pronto seguiré admirando la obra del artista, la de ambos. Al fin y al cabo, lo expresado es la opinión de la persona, Silvio o Rubén y yo un seguidor de su arte pero al mismo tiempo, un ciudadano-víctima de este régimen. Sigan pensando igual, la polémica es buena, interesante, pero no dejen de hacer Música por favor.
Mientras, nosotros aquí resolveremos esto, se los aseguro y la historia arrojará el saldo y lo hará muy pronto.

Saludos Silvio y gracias por las armonías y a ambos por pensarnos.


Nicolás Baselice Wierman.
@nbaselice en twitter
Instagram @nbaselice
Febrero 2019.

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